Cuando estás mal, cuando te cansas, cuando lo ves todo negro, cuando no tienes futuro, cuando no tienes nada que perder, cuando... cada instante es un peso enorme, insostenible y resoplas todo el tiempo. Intentas liberarte como sea. De cualquier forma. De la más simple, de la más cobarde, de la más triste, sin dejar de nuevo para mañana este pensamiento. Si lo dejas para mañana mueres. Y llega mañana. Ya no está. Y entonces, simplemente, querrías no estar tampoco tú. Desaparecer.
Y lo logras, desapareces, te vas con tu pensamiento. Llega mañana y vuelves, pero lo haces solo, sin ese pensamiento que arrastrabas, como si todo volviera a pintar bonito, como si todo volviera a empezar de nuevo.
Porque eres tú.
Porque soy yo.
Porque los dos sabemos que hay para rato.
Como siempre...TE QUIERO.
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